Johan se desenfundó el preservativo y lo observó lleno de semen:
-¿Sabías que la leche tiene el fleje de espermatozoides?
-Sí, algo de eso he oído.
-Pero miles de millones, una pasada -se sonrió-: ¿te ha entrado el gusanillo alguna vez de ser madre?
Me mantuve en silencio masajeándole los hombros:
-¿Y tú?
-Sí, alguna vez.
-¿Por qué no lo has sido?
-Porque no es tan fácil.
-¿No lo es?
-No es como lo pintan. Tener un hijo es para siempre, joder. Es algo muy fuerte, Sara.
-Sí, seguro…
-¿Tú quieres ser madre?
-Seguramente, algún día.
-¿Más tarde que temprano?
-Cuando esté lista.
-¿Es qué no lo estás?
-No es eso.
-¿Entonces?
-Porque no he encontrado al padre de mis hijos.
-¡Ah, es eso!
-¿Eso qué?
-Eso, que no te vas a dejar preñar del primero que te la meta.
-No, claro que no.
-¿Crees qué lo sea yo?
-No lo sé…
-Ya veo…
-¿Qué ves?
-Pues que yo no te gusto tanto como para eso.
-No he dicho eso.
-¿Entonces?
-Pues que creo que las cosas llegan con el tiempo y no así como así.
-Ya, comprendo.
-¿Has estado con alguna que quisiera darte un hijo?
-Sí, con muchas.
-¿Y por qué no aprovechaste?
-Porque no eran maduras, eran demasiado alocadas.
-Yurena ha tenido un hijo.
-Sí, pero es distinto.
-¿Por qué es distinto?
-Le tocó ser madre, el destino es así. No lo buscó le llegó el momento.
-A ti te llegará también -comentó levantándose de la cama.
-¿A dónde vas?
-A vestirme -respondió oliéndose los sobacos.
-¿Tan pronto?
-¿No recuerdas que te dije que había quedado con unos colegas para ir a pillar a Lomo Blanco?
-No me acordaba... -me encogí de hombros.
Se puso calzoncillos limpios y un chándal y los mismo botines. Me vestí sentada en la cama y salimos al pasillo.
-¡Peinate! -advirtió señalando a la puerta del baño.
Abrí la puerta, tenía el cabello fatal, me lo retoqué un poco con los dedos y su abuela salió de la cocina:
-¿Vas a salir de nuevo?
-Sí, abuela.
-No paras quieto, Johan.
-Así es la vida, abuela.
-¿Quién es ésta chica tan joven, ¿tú novia?
-No... -se encogió de hombros.
-Soy una amiga, Señora.
-Menos mal, pero no entiendo a la juventud de hoy en día.
-¿Por qué señora?
-En mí época no se hacía el amor con amigos, sino con pretendientes y muchas de las veces hasta la noche de bodas no había nada.
-Eran otros tiempos, abuela.
-Será eso, como cambian las cosas. La juventud está echada a perder -dijo bajando el tono de voz-, cuídate mi niña, que mí nieto es bueno, pero un poco despistado y fresco.
-Como mí padre -recalqué.
-Sí, como éste cabra loca.
Nos despedimos en el interior del edificio.
Luego me senté en el parque. Saqué uno de los preservativos que había guardado a Johan cuando nos estábamos magreando en su cuarto. Lo miré con encanto, fue maravillosa su invención, sobre todo pensaba guardarlo para usarlo con alguien especial. Barajaba algunos candidatos para ello. ¿Pero como lo conseguiría? ¿El despecho que sentía por mí familia era éste? ¿Por qué seguía loca por follar con tíos diferentes? Imaginaba que tal vez era más insaciable que otras chicas y que al haber la adrenalina de las mieles de la excitación me había quedado con ganas. Pero no lo sabía nadie y tendría que guardar celosamente el secreto, por que estaba segura de que si se descubriese mi perdición por el sexo sería mí castigo. Vagaba por mí mente la ilusa idea de proponerle una situación indecente al primero que me atrajese, pero no… mejor era olvidarlo. Pensé en el supuesto padre de mis hijos: de por sí tendría que ser guapo. Sabía que era una locura pensarlo, pero mí media naranja tendría que ser un chico de barrio; con aspecto de macarra. Un tío que sin dudarlo me entregaría su corazón y… ¿su cuerpo? Que me saciara éste fuego que me mantenía en vilo.
Volví a casa, me encerré en el cuarto y me conecté a Internet. En el Chat me puse a hablar con chicas de mí edad, pero me abrieron un privado, era un chico, bueno al principio lo parecía, luego no tanto y al final era de más de treinta años de edad. Vivía solo, tenía coche y quería quedar. Le expliqué que no, porque ya estaba en casa.
-¿Sola?
Claro que estaba sola, pero no iba a responderle que sí aunque estuviera aburrida. Quería conocer mí aspecto, si era gordita o delgadita, si estaba bien. Entonces reconocí su Nick, era el de una conocida del Chat, la chica tenía catorce años y era su padre el que estaba intentando impresionarme.
-¿Qué haces chateando con el Nick de tu hija?
-¿Es el de mí hija? -se puso nervioso-, me equivoqué, qué fuerte, tía.
-Ya veo...
-Oye, que yo no quiero malos rollos, solamente quería charlar un rato. ¿Quieres ir al McDonald?
-No, gracias, no tengo hambre.
-¿Tienes fotos?
-No.
-Te envío yo una y tu otra.
-No...
-¡Venga, solo para vernos las caras!
-Que no, en serio.
-¿Tienes novio?
-Más o menos...
-¿Y se acuestan?
-¡Claro!
-Bien...
-¿Podemos quedar? Es que estoy aburrido en casa.
-No.
-¿Y eso por qué?
-Porque tengo que estudiar.
-¿Te ayudo? Soy profesor.
-¿De qué?
-De filología inglesa, pero imparto clases de matemáticas.
-No necesito ayuda en esas dos materias, saco sobresalientes en todo.
-Sí ¿ o qué?
-Sí, claro. Soy una alumna muy aplicada.
-Mmm.
-¿Mmm?
-Que me parece muy bien.
-Ya.
-Te dejo, que voy a preparar la cena, ¿vas a seguir conectada?
-Seguramente.
-Espérame, ¿vale?
-Sí, claro.
Cuando dejó de hablarme salí de Internet y apagué el ordenador. Era un depravado, un asqueroso casado, un cazador de menores, un pederasta tipo el novio de Yurena.
By José Damián Suárez Martínez

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