jueves, 17 de febrero de 2011

Miércoles 3 de Febrero de 2010

Jorge viene de visita a casa y tiemblo pensando que vino a confesarles a mis padres que estamos enrollándonos. Pero ni por azomo, se tomaron sus cafés con leche condensada y hablaron sobre sus tortuosas vidas de trabajadores y adultos.

Luego le invité a subir a mi cuarto y hablamos largo y tendido tras los abrazos y besos apasionados. No quería sexo, en casa no. Me moría de vergüenza con solo pensar que mis padres pudieran descubrirnos y ahí quedó la cosa.
-Mi novia es virgen -confesó.
-¿Virgen? -pregunté atónita.
-Es decir, nunca ha follado como nosotros. Sabes que lo tiene todo, es muy atractiva, provocadora, sexy, pero a la vez dulce, buena persona y graciosa.
-Podría ser por vergüenza... tendrías que esperar, con calma y comprensión...
-El caso es que con el tiempo hemos ido subiendo un escalón más, es decir, al principio le toqué los pechos, después se los bese, luego sin sujetador.. hasta llegar a la situación de masturbarnos y dejar que yo le hiciese el sexo oral. Ella ha intentado chupármela y eso, pero se inhibe y para en seco.
Le gustaba hablar por los codos:
-Nunca ha alcanzado el orgasmo conmigo, porque ella quiere que sea especial ese momento, es que quiere que suceda cuando ambos tengamos la posibilidad de tener relaciones completas, con penetración claro está y mas que nada que sienta seguridad. Ayer estábamos en mi cama, toqueteándonos casi desnudos y le hacia sexo oral cuando llegó a un punto en que me decía que le faltaba poco para llegar. Imagínate mi situación, lo que más deseo es hacerle sentir lo que tanto desea. Le dije que no tuviera miedo. Me decía que tenía temor y que haría lo que ella quisiera: seguir o no... me dijo que sí, seguí unos segundos y agregó -resopló antes de continuar-. Pero me dijo no para... por favor, no... se levantó y me abrazó... entendí que no estaba preparada y la verdad es que la comprendo. Le dije que no se preocupara que los tiempos son manejados por ella.
El caso es que seguimos besandonos, me masturbó y llegué al orgasmo. Acto seguido nos vestimos.
-Ten paciencia, Jorge.
-Yo la amo, sabe Dios cuánto y ella también. Seguro que sí. Ambos nos amamos. Anoche me pregunto si podia afectar esto nuestra relacion o si por ese motivo la dejaria o engañaría -se encogió de hombros-. La respuesta fue que no.
-Está claro, coño -susurré.
-Le di un no rotundo.
-Yo no quiero perderla ¿pero que debo hacer? ¿Que piensas tú? -bajó la mirada-. ¿Como puedo hacer para que no tema y confíe más en mi?

Finalmente no hicimos nada, estuvimos en mí cama tumbados hablando y dios: me quedé con las ganas de besarle y follar... Pero se fue duro como una piedra y dándome las gracias por haberle escuchado.


By José Damián Suárez Martínez

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