A los días siguiente de estar con Jorge fui a ver a Luisma al parque, llevábamos días sin vernos y estaba claro que queríamos vernos. Estaba claro que tendríamos eso...
Paseando me sentí realmente bien a su lado. Era bastante caballeroso, con un atractivo asiático, que me daba un gran morbo... Nos sentamos en un banco a intercambiar algunas palabras. Más tarde nos trasladamos en su coche a la playa de La Garita en el Municipio de Telde y empezamos a enrollarnos como siempre, e incluso a tocarnos como quien no quería la cosa.
Yo tenía que volver a casa para que mis padres no se enfadaran, pero me rogó que me quedara un rato más, que tenía ganas de seguir conmigo. A lo cual no dije que no... pero tuvo que darme su pulóver porque estaba muertita de frío. Llegamos al coche y decidimos sentarnos en los asientos traseros, me dijo que estaba realmente cansada y que le dolían los riñones y la espalda de estar tantas horas sentado en el taxi, continuamos hablando.
Estuvimos media hora hablando y le dije que mis padres se iban a preocupar puesto que nunca solía llegar tan tarde. Entonces supuse que no iba a pasar nada, a pesar de que no me importaba que pasase. Nos abrazamos y tumbamos, no sé calcular cuanto tiempo estuvimos así.
Empezamos a hablar sobre el sexo, nuestros sueños eróticos y a pensar el sitio más raro para hacerlo. Empezamos a describir un polvo perfecto y bromeamos con hacerlo en un cementerio...
Empezó a acariciarme todo el cuerpo, con ropa. Nos besabamos muy dulcemente y nos acariciabamos... Ninguno de los dos pensamos en ir a más, sólo en sentirnos cerca, sentir el calor de la compañía en una noche tan fría... Intercambiamos nuestras salivas en silencio, en los cuales me acariciaba los pechos y yo el paquete, los hombros, el pecho.
Pronto empezamos a acariciarnos y besarnos más apasionadamente, él se subió encima mío y empezó a moverse rozándose como si estuviera limpiando el polvo con una gamuza, de repente se detuvo mirando la hora en el reloj, me miró a los ojos en la oscuridad:
-Será mejor que te lleve a casa -resopló-, es tarde...
-Sí, tengo que hacer un montón de deberes -contesté.
No hubo tiempo de mezclar el sexo en aquella bonita noche, me sentí como una calientapollas. Como si no hubiera nada más aparte de magrearse y besarse con ropa... Se quitó de encima y me abrazó con fuerza.
Al llegar a casa todos estaban dormidos, nadie me esperó despierto. Me hubiese gustado que mis padres me reprocharan el llegar cerca de las doce a casa, puesto que no eran horas para una menor estar despierta. Pero últimamente mí vida era demasiado solitaria, solo me sentía bien en compañía de Jorge y Luisma. Me acosté directamente, sin cenar y sin ducharme. No pude conciliar el sueño en toda la noche, imaginándome la vida de casada y soñando con tener hijos algún día y dormir con un marido a mi lado que me protegiera y diera calor. Pero la verdad es que estaba sola...
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