jueves, 17 de febrero de 2011

Miércoles 10 de Febrero de 2010

 Hoy me he despertado con el grito y las risas de los niños en el parque. El ritmo de la música a todo volumen de algunos coches que pasan por el barrio.

Hablando de coches, acabo de recordar que, después de más de un mes, hoy viene mi hermana mayor para que lave el suyo a cambio de diez euros.

Hemos estado muy ocupados durante estos días de mudanza. Una casa de tres pisos, en perfecto estado… es de Alexis Klaus, el mejor amigo de mi padre, pero nuestro nuevo hogar al fin y al cabo.

Mientras ordenaba, en una de las cajas encontré un vestido muy corto, de color rojo con un escote llamativo y sexy perteneciente a Anyellody.

Mi hermana fue fruto de un incesto, puesto que mi madre fue violada por nuestro abuelo. Mi abuela, que padecía una grave depresión, murió a causa de una sobredosis por antidepresivos , y nuestra madre volvió a casarse con Sergio, al cual abandonó porque se pasaba más horas bebiendo en un bar que al lado de su futuro hijo. Yeróver es el mediano y nació fruto de esa relación.

Jamás he visto una sola fotografía de mi madre con sus padres, en casa tocar ese tema es tabú y cuando llega el día de su cumpleaños suele llorar, por ello la animamos y le damos mucho amor.

Yo estaba más tranquila que de costumbre, había roto con Luisma por teléfono, pero nadie de mí entorno familiar lo sabía, tampoco estaban por la labor de preguntar por mí vida...

Mí padre se había ido de casa el día anterior y mamá lloraba por los rincones de la casa como una loca desquiciada. La relación de ambos se había formado de unos valores que nunca imaginé. Tengo catorce años y cambiar de vida, en mí, era lo importante. La relación que tengo con ellos ahora, no es la misma que tenía antes de lo sucedido. Desde pequeña, los respeté por sobre todas las cosas. Ahora ella que está más zafada prefiere vivir fuera de casa y prácticamente no la veo.  

Con Luisma viví el sueño de una niña aprendiendo a ser mujer. Pero me aburría no verle por último y se enfadaba cada vez que le insinuaba el que estuviera preparada para pasar al siguiente nivel de una relación. 

Su tío materno enfermó y comprendí desde un inicio que él tuviera que ocuparse del taxi, consiguiendo un empleo que le ocupaba más tiempo que yo. Por último casi ni le veía entre semanas, y como llegaba cansado, nos dábamos un par de besitos y se marchaba.

Mamá echaba de menos a papá y sus amigas comenzaron a sacarla de fiesta. Eran días largos en los que yo no lo veía y ella llegaba bastante borracha de madrugada y casi siempre acompañada por hombres. Para mí era traumático, pero mamá parecía más alegre y pletórica cuando despertaba y poco a poco fue tomando el rumbo de su vida. Pero el Martes, ya prácticamente no paraba la pata quieta, mí hermano Yeróver, el mediano; no aguantaba la situación y su padre le invitó a vivir una temporada en la casa de Tafira.

Yo tenía claro que todo aquello me estaba afectando demasiado y por eso prefería pasarme las tardes en la biblioteca Municipal de Telde y estudiar hasta que la mente dejara de pensar.

A punto de cumplir los catorce años maduré de golpe y porrazo. Me costó acostumbrarme a tener una madre despreocupada y borracha. Para ella todo era más fácil, pero sabía que estaba echando su vida a perder, sobre todo por los comentarios que se hacían por el barrio a causa de su mal comportamiento. Pienso que cuando piense en lo que le está sucediendo abrirá los ojos y se dará cuenta de que ese no es su sino en la vida.

Pero está claro, mamá sigue metiendo a hombres en casa. No puedo dormir por las noches escuchando sus gemidos y lamentos. El ruido de los muelles de la cama de matrimonio, el volumen de la televisión a todo volumen y luego se hace el silencio entre risas y carcajadas, y muchas de las noches las pasaba completamente en vela hasta cerca de las cuatro de la mañana. En clase no rindo igual que antes, me sentía perdida y sola; pero poco a poco, voy encontrando un grupo de amigas que me apoyan.

Mis hermanos mayores no comprenden que la vida se me hace un martirio y no se preocupan en preguntar. No es que ellos estén pasando por momentos felices, pero solo tengo catorce años.

Si siguiera saliendo con Luisma; Tal vez todo hubiera sido distinto... mejor no pensar en el pasado..

Quedé satisfecha de todo lo que había experimentado en su compañía. Nunca esperé que acabase tan pronto. Durante ese tiempo pasé todas las tardes en su compañía.

Por la  tarde era el cumpleaños de mi hermana Anyeloddy, tras hacerle una pequeña celebración en casa con mí abuela materna y la tarta incluida nos reímos un rato. La abuela la controlaba mucho y criticaba su forma de vestir:
-Anye, hija. Esas no son formas de vestir, los hombres pueden pensar…
-No sigas abuela, las cosas no son como hace cuarenta años -replicaba mi hermana.
-¡Pero Anye! -exclamó nuestra madre escandalizada.
-¡No mamá! -explicó ella a voces-, estoy cansada de que abuela me controle, coño Abue ¿no ves que ya tengo veintidós años?
Se sentó en el sillón toda despatarrada.
-Siéntate bien, Anye. ¡Por amor de Dios! -reverberó-. No te sientes como los machos, cruza las piernas ¿no ves que te puedo ver todas las bragas!
-¡Joder Abue que estoy en casa!
-¿Y qué? Tienes que sentarte como una señorita y no como una ramera.
-¡Estoy harta de ti y de tu mente machista!
-¡Vamos mamá, deja a Anyeloddy en paz! -le advirtió mí padre consciente de como debía sentirse ella..
-¿Para el colmo vas a favor de ella? ¡Eres un consentidor!
Mi hermana se levantó de un salto y se dirigió a mi:
-¡Vamos, quiero fumarme un cigarro!
-¿Fumas? -le pregunté escandalizada ya que nunca lo hubiese imaginado en tremenda actitud.
-Sí, bueno… de vez en cuando aunque lo estoy dejando. 

Para estarlo dejando ya iba por el tercer cigarro, fumando como una carretilla, parecía la potabilizadora de la potabilizadora del Valle de Jinámar.
-¡La abuela me saca de quicio! -respiró hondo exhalando el humo alquitranado de sus pulmones-. Se cree que sigo siendo una niña...
-No te tengo pena, conmigo es igual.
-Contigo no es como conmigo. Tú no tuviste que vivir bajo su propio techo pero eso se acabó.
-¡Búscate un novio rico!
-¿Crees que no lo he pensado, hermanita?

Tras el cigarro volvió al salón y se fue con su hijo. Yo no tenía ganas de salir. No me apetecía. Me puse a pensar en lo que mis padres y esta sociedad me había hecho cambiar. Que no era una chica de malos andares, que era una chica de casa. De sacar buenas notas, de ir a la escuela y de ayudar con las tareas (cosas que no había dejado de hacer nunca).
Mañana Jueves 11 no hay clases porque es el Día de Internacional de la Lucha contra el Cambio Climático.


By José Damián Suárez Martínez

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