miércoles, 23 de febrero de 2011

Domingo 21 de Febrero del 2010

No podía creer que estuviéramos todos reunidos como la familia que éramos.
Bailaba con mí padre como en un cuento de princesas. Veía a mis compañeras de clase andando por el salón, ellas cuchicheando y mirándole el trasero a mí hermano Yeróver que estaba en su salsa. También vino el padre, Sergio me había regalado un billete de cien euros y un pendrive de 16 giga bites. Sé que él estaba intentando un nuevo acercamiento a nuestra madre, pero mí padre lo miraba con mala cara.
-¿Por qué tuvo que venir ese petardo?
-Es el padre de Yeróver.
-Sé que es el padre de tú hermano -dijo indignado-. ¡Es qué me dan ganas de ir y darle un par de puñetazos!
-¡No empieces papá!
-Lo siento, Sara. Es que…
-Mí madre tiene derecho a elegir como lo hiciste tú. Además, Ahora estás con Moneiva.

Habían bandejas con golosinas y botellas de refrescos de las que servirse. Olía a perfumes variados, esencia de vainilla, de mora e incluso de coco. Yo había optado por algo más sutil como Chanel Nº 5. Estaba sonando mí canción favorita de Don Omar “dale don, dale” y estaba muy feliz por la compañía. No pude imaginarme una tarta tan grande de chocolate, Mouse de chocolate, nata y merengue.
-¡Vamos hija, ponte con nosotros!
Mamá y papá se abrazaron por obligación biológica, por contrato hacia mí; la hija de ambos. Sonrieron cuando mí hermana Anyeloddy nos hizo la foto. La hipocresía no le importó a ninguno, pero Sergio miraba con envidia porque no había olvidado el amor que sentía por ella. Me cantaron el cumpleaños feliz y partí la tarta que luego se repartió gustosamente.

 Luego nos metimos en mí cuarto y todas mirábamos con asombro como mí hermana le daba el pecho a su hijo Mauricio.
-Mí novio quiere tener un hijo.
-¿Tienes novio? -preguntó mí hermana.
-Sí, se llama Trusco y llevamos dos años.

Micaela era rubia natural, de ojos azules y de cara un poquito redondita a causa de las pastillas anticonceptiva que tomaba. Siempre tenía una sonrisa entre los labios y de los lóbulos de sus orejas colgaban inmensos aros de oro que le había regalado su novio en navidades. Su cabello era ondulado y caía siempre por detrás y delante de sus pechos como una cortina de abalorios decorativos.
-¡Ños que avanzada vas! ¿Qué edad tienes?
-Catorce.
-¿Y él?
-Veintiséis.
-¿Y tus padres lo permiten?
-Pues claro, no les quedan otros cojones -rebuscó en el interior de la cartera y sacó una foto de su novio-. Éste es mí niño ¿a qué está bueno?
-Sí, es bastante guapo.
-Un poco delgado, lo sé -se sonrió emocionada-. ¡Pero folla…

Su novio era moreno, de rasgos Canarios, con un leve parecido a Toni Santos y Ramón de operación triunfo.
Nuria era lesbiana, pero no lo parecía por ningún recoveco de su figura, a no ser por su comportamiento o su manera de hablar siempre al taponazo limpio. Tenía los ojos medio rasgados, terminados en punta, cejas depiladas y cabello negro largo; igual que el mío. Era femenina, pero algún día deseaba ser hombre. Toda su geometría era de mujer, pero tenía cosas de machos. Su espíritu compartía un cuerpo equivocado y no lo negaba; ni se avergonzaba y eso me gustaba mucho. En la intimidad le gustaba que le hablaran en masculino, en público la tratábamos de femenina total.
-¿Y tú quieres ser madre, Mica? -preguntó Nuria.
-No, que va. Yo quiero acabar la E.S.O y ponerme a trabajar.
-Eso me parece bien, Mica.
-¿Y te dolió mucho?
-¿El qué?
-¡Pues dar a luz!
-La verdad es que no me enteré porque fue por cesárea.
-¡Mira como tú hermana Chichi! -añadió Nuria.  
-¿Y qué edad tiene tú hermana?
-Dieciséis -respondió Micaela.
-¿Y tú Nuria?
-¡Yo qué!
-¿Tienes novio?
Nos reímos.
-¿Qué pasa? -preguntó mí hermana desconcertada.
-A Nuria le van las tías.
-¿Las tías?
-Es lesbiana, Anye -le especifiqué.
-¡Ah, no lo sabía! Es que no pareces lesbiana.
-No, no lo parece -confirmó Mica.
-Por eso lo digo -dije.
Sonó el teléfono móvil de Micaela:
-Sí, dime… -escuchó en silencio-. Vale, sí. Me despido y bajo. ¿Recuerdas donde es? Vale, bien. No tardo nada.
Colgó.
-¿Era Trusco?
-Sí, me viene a buscar.
-¿Ya? -pregunté encogiéndome de hombros.
-Sí.
-¿No tenía que ir a buscar a la madre al trabajo?
-Sí, pero por lo visto salió mucho antes.
-¿Qué putada, tía?
-Ya, que se le va a hacer. Es un apurado.

Salimos al salón, la acompañé a la puerta mientras Nuria se asomaba al balcón:
-Oye, Sara.
-Dime, Mica.
-¿Sigues con Johan?
-No, para nada.
-¿Y Acaimo te tiró para adelante?
-No, tampoco.
-El otro día vi al moreno con la novia.
-¿Sí o qué?
-Van a tener un hijo.
-Sí, me lo dijo.
-Pasa de ese mierda, Sara. No te lo mereces, ni él ti.
-Lo sé, Mica. Pero me gusta.
-Tu sabrás lo que haces, tía. Pero no me gustó lo que hizo contigo.
-A mí tampoco.
-Ya llegó Trusco, Mica -avisó Nuria a grito pelado para que se enteraran los demás vecinos del bloque.
-Pues nada, me piro o si no se amuerma el niño.
-Vale, bien.
-Nos vemos en el insti.
-Sí, claro.

Nos despedimos con dos besos, esperé a que cerrara la puerta del ascensor y cerré la puerta. Mí hermano Yeróver y su padre Sergio también se iban. Mí padre también porque no tenía nada que hacer cerca de mí madre.

Nosotras nos metimos en mí cuarto para continuar conversando con mí hermana. Era una loca de mucho cuidado, pleitista y demasiado espontánea. Incluso descontrolada. Tenía un carácter fuerte y complicado incluso para la familia. No nos parecíamos o sí … Talvez un poquillo.

No era ninguna pija, pero le gustaba vestir bien y siempre escotada. Nuestra madre aprovechaba sus visitas para coger a su nieto Mauricio Valiente Suárez de meses en brazos.

Ella quedó embarazada a los dieciocho años y eso no la había cambiado demasiado. Aunque estaba estresada e irascible con facilidad; por lo cual todos medíamos las palabras e intentábamos no atosigarla más de lo debido.

Nuria me miraba mucho el escote y estaba loca por que me probara el vestido que me regaló su hermana Anyeloddy (la cual ya sabía que era lesbiana perdida). La verdad era que a mí no me incomodaba, ni molestaba su presencia, al revés, la veía una chiquilla muy maja.
-¿Tienes novio? -me preguntó sentada sobre la cama, despatarrada como un macho.
-No, ¿tú?
-¡Vamos Sara! -se sonrió picándome el ojo derecho-, sabes muy bien que a mi me van las tías.
-A mí no.
-¿Cómo lo sabes? Si no pruebas no lo sabes.
-Pues porque lo sé, Nuria.
-Yo creo que todos somos seres asexuados hasta que probamos y tú como eres virgen no lo sabes de seguro que es lo que realmente te gusta, ¿entiendes?
-Yo estoy segura de que a mí hermanita le van los tíos -le dijo con un cigarro en la boca.
-Eso no lo sabes, Anyeloddy.
-Te lo digo yo que la conozco desde que nació -recalcó y la miró cariñosamente-. Yo solo sé que si eres lesbiana felicidades, pero no creo que consigas nada con ella, porque sé que le gustan los machos y no las hembras, ¿verdad hermanita?
-O sea que eres homófoba -la juzgó de antemano.
-No, no lo soy.
-¿Entonces por qué te molesta tanto en aceptar que podrías tener una hermana lesbiana?
-Solo digo que si lo fuera yo la apoyaría en todo porque no me molestaría en absoluto, pero sé que no lo es.
-¿Y tú como sabes que no lo eres? ¿Eh, Anye?
-Porque me gusta más una polla que comer, ¿entiendes ahora?
-O sea que has follado, ¿no?
-¡Ay Nuria! -dijo algo intimidada-, ¡eres una salida de cojones! Aunque desearías tenerlos, ¿no?
-¡Qué hija de puta! -exclamó Nuria descojonándose de manera escandalosa y soez.
-Me gustan los machos y tengo un hijo.
-Eso no tiene nada que ver Anyeloddy, tengo muchas amigas lesbianas con hijos.
-Solo te digo que prefiero un hijo maricón que violador o drogadicto, o maltratador. Que elija lo que quiera ser y que disfrute del sexo como desee, ¿entiendes?

Yo creía que a Nuria mí compañera de clase se sentía atraída por mí hermana mayor y no era nada de extrañar porque se desenvolvía con facilidad, no pensaba las cosas antes de decirlas, y era mucho más femenina, y guapa, que muchas chicas a las que conocía.


By José Damián Suárez Martínez

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