A eso de las 7:30 salí del bloque, mi primo Jorge paso por la zona y se ofreció a llevarme, yo acepté porque me vuelve loca, en el coche solo hablamos de temas familiares, de como me iba en el instituto nuevo y a él en el trabajo.
Se suponía que me llevaría hasta el aparcamiento de la entrada del instituto, pero cambio de planes y condujo hacia una zona un poco mas oculta. Me hizo guardar silencio:
-¿Por qué te pones tan seca últimamente? -preguntó serio-, ¿es que no te gusta está conmigo?
No pude mirarle, me ponían nerviosa sus miradas, sus manos inquietas y solamente me venían a la mentes flashes de aquella noche loca.
-No es eso, primo, solo estoy concentrada con los estudios -respondí mirándole fijamente a los ojos.
-El Sábado hay un asadero en la casa de mis padres, ¿te vienes?
No respondí, encendió el contacto y condujo en dirección al instituto suspirando. Al llegar y detener el coche:
-Sí -acepté la invitación, abrí la puerta del coche y me bajé rápidamente.
Pero me agarró de la mano y me jaló hacia dentro del coche, me propinó un fuerte beso en los labios que pasó a ser con lengua:
-Te quiero...
****
La vida en un barrio como éste es bastante cómica, los vecinos constantemente estaban asomados a la ventana, observando a través de las cortinas el transcurso de las vidas vecinales, criticando e incluso opinando sin saber. No había diferencia de sexo a la hora de hacerlo, todos en general eran alcahuetes, incluso yo. Me consideraba no tanto novelera, pero sí bastante preguntona por aquella época..
Desde pequeña siempre me vi infravalorada y todo por ser criada de manera diferente a las otras niñas que jugaban en el parque con sus hermanos, padres. En el colegio nunca tuve muchos amigos, ninguno especial, nunca confidentes.
En el patio de recreo me aburría sola, prefería meterme en la biblioteca del centro antes de sufrir martirios por parte de compañeros acosadores. Allí me sentaba con Gabriela, a la cual conocía desde el jardín de infancia y con la cual compartía una gran afinidad. Mientras Gabriela hacía los deberes, yo leía novelas de romances imposibles, soñando con príncipe azules que me salvaban de dragones y me convertían en princesa.
Tenía catorce años y para mí familia era la pequeña consentida, plagada de felicidad. La relación que les tenía no era tan estrecha como con los compañeros de clases. No podía respetarles con devoción puesto que ellos perturbaban la serenidad del hogar familiar. Prefería tratar con cariño a los profesores, a los demás desconocidos. A mis padres los quería con todo el amor del mundo, pero la verdad era que nunca me dieron un abrazo, un beso sentido de corazón. No recordaba ni un beso aunque hiciera el esfuerzo, ni siquiera palabras cariñosas.
Varias compañeras se levantaron para ser votadas, Micaela es nombrada delegada de la clase por mayoría de votos. Por la puntualidad me nombran la encargada de la llave.
Me había tocado en la clase más conflictiva y los compañeros son los más macarras del centro. No me había tocado con nadie de mí anterior colegio, y me siento bastante intimidada. Algunas me daban conversación, pero la justa y necesaria. Sobretodo las que no entendían las explicaciones de la profesora y la verdad es que se explicaba con el culo.
Habíamos empezado el instituto y todo iba muy rápido. Pasábamos de jugar a las cogidas a relacionarnos con la otra mita de alumnos provenientes de otro colegio de mala reputación. Ahora el terreno, tanto las aulas y los pasillos son hostiles. Hay miradas que matan y comentarios que humillan. Siento envidia de esas compañeras que antiguamente me hablaban, ahora siguen de largo y no saludan. Se han adaptado perfectamente al nuevo entorno. Es un suplicio tener que pasar las horas en soledad, con un mutismo extraño y vergüenza en todo. Los profesores también habían cambiado, éstos nuevos son mucho más exigentes y prepotentes.
Las compañeras avanzaban y yo tardaba en adaptarme a tantas caras nuevas. No recordaba los nombres, por lo cual prefería no dirigirme a nadie directamente. En clase pasaba desapercibida, por lo menos no me insultan ni maltrataban como a otras menos agraciadas. Al compañero de delante le pegaban, le bajaban los pantalones en medio del pasillo lleno de gente, los más gamberros le hacían grandes putadas, como la de escupirle a la cara.
Micaela, la chica más guay del instituto me había hablado durante la clase de matemáticas para pedirme los apuntes, se los dejo amablemente, los copió y al devolvérmelos me da las gracias con una enorme sonrisa.
-¿La chupas? -preguntó el hediondo que se sentaba justo detrás golpeándome el hombro derecho y al no hacerle caso me jaló del cabello fuertemente.
-¡Dejen en paz a la chiquilla! -advirtió Micaela bastante enojada por como me estaban tratando sin haberles hecho nada malo.
Bajé la mirada, encogiéndome de hombros, ella se atrevió a defenderme y no le había dado las gracias. Al termina la clase llegaba nuevamente la hora del recreo. Fui la última en salir, puesto que era la encargada de la llave y tomé rumbo a la biblioteca. Siempre seguía a la manada de chiquillos alocados, saltando, gritando, riendo, fuertes frente a mí. Nunca elegí ir en dirección contraria, me daba miedo pasar delante de otras clases que no fueran las conocidas.
Luego al finalizar la hora del recreo, era la primera en llegar para abrir la puerta, casi siempre Gonzalo era uno de los primeros en llegar, no hablábamos, pero me hacía compañía en esos minutos de silencio hasta que el estruendoso sonido del voceríos se apoderaba de los pasillos nuevamente. Se me hacía raro mirarlo, sentado en su pupitre, con los libros y bolígrafos preparados sobre la mesa, con la cabeza agachas.
A las 14:30.30 llego a casa como siempre después del instituto, como, me echo una sienta o veo la telenovela y a las 18:30 cojo los prismáticos, me asomo a la ventana de mi cuarto y espío a los vecinos de enfrente follando como locos cuando él llega de trabajar.
Hace un tiempo que me toco, pero ahora solo pienso en acostarme con el chico moreno de éstos días atrás.
****
Por la tarde fui con Yoana, Davinia y Gabriela a la biblioteca municipal. En la guagua ellas se hacían confidencias, a veces sentía que no existía. Hablaban de chicos guapos del instituto, de besos y revistas juveniles. No podía opinar de lo que hablaban, ya que yo no seguía ninguna moda en especial. Siempre me había sentido un fantasma vagando por el mundo, escondida en mis fantasías y llorando a la mínima ocasión. Y es que siempre fui bastante llorona e inocente: inofensiva.
De pequeña tuve tres novios a escondidas. Mí primer beso fue con Adán en el paterre justo de la ventana de mí cuarto, era de noche y creo que nadie nos vio. Fue un beso inofensivo, todavía recuerdo que solo tenía ocho años. Luego tuve un novio, creo que duró varias semanas, Aarón, con el cual llegué a los besos con lengua, pero luego me pegaron tanto él como su hermana, nunca lo entendí, tal vez era demasiado pequeña e inocente como para recordar más que la patada en mí espalda y su cachetada. Luego con Geraldo y su primo que no recuerdo su nombre; todo sucedió bastante rápido en las escaleras del séptimo piso, fueron los dos besos más apasionados y con lengua que me habían propinado en la vida.
Mis padres nunca se enteraron, ni nadie, ni siquiera preguntaban por semejantes cosas, pero debo reconocer que fue inolvidable, algo que marcó mí vida. En casa habían temas tabúes, pero no para mí hermano Yeróver, él siempre hacía y deshacía a su antojo en su vida, nadie le controlaba, tampoco se podía con su tremenda rebeldía. Entraba y salía a la hora que le apetecía, llegaba bien entrada la madrugada, oliendo a alcohol y a tabaco.
****
Luisma fue a buscarme a la Plaza de San Gregorio de Telde. La segunda vez lo hicimos en su casa, su cama, su cuarto y tampoco sentí nada, me dolía aun... La tercera me siguió doliendo al momento de penetrarme; osea cuando lo intenta me dolía.
Tengo una duda que ronda mí cabeza, últimamente tengo relaciones con Luisma, aunque el solo introduce parte de su miembro, ya que siento dolor, y para ambos es muy bonito, no hay eyaculación, solo el liquido pre-seminal. Pero por los nervios decidimos parar. Solo tuve una pequeña mancha de sangre.
Quiero saber si teniendo relaciones con Luisma es posible que pueda quedar embarazada en seguida.
-¿Para introducir el pene en la vagina... es realmente necesario sacar la cabeza del pene hacia fuera del prepucio? -le pregunté en más de una ocasión y él reía.
By José Damián Suárez Martínez
By José Damián Suárez Martínez
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