Últimamente ando sola por la calle, encogida y de brazos cruzados. Con la mente pensativa, contando los peldaños, los cuadros de las aceras, los bordillos, manteniendo el equilibrio sobre las rayas continuas, pensando en mi profunda soledad. Reconozco que soy una chica muy tranquila e inocente y no nunca había escuchado hablar del sexo, solo de que se hacía hasta que lo probé con mí primo Jorge.
Siempre había usado vestidos y muy pocas veces usé chándal, porque siempre he sido calurosa y solo pulóveres en invierno.
El tiempo pasaba lento y despacio a la misma vez. Los estudios empezaron hace un par de días y debo reconocer que me ha tocado en una clase que no me hace demasiada gracia. Los compañeros son burleteros e inhumanos, las compañeras populares y amenazadoras. Me siento en un nido de víboras, esperando a la mínima para comerme y llenar sus corazones de ego maltratador. Pero de eso tampoco me salvo en casa. Mis padres discuten todos los días, no me concentro con los estudios y vivo con el corazón en un puño.


El día en que celebramos el amigo invisible, recibí un diario en el cual podría escribir todo lo que quisiese. Desde un principio me imaginé decorándolo y guardándolo con recelo. Mí letra estampada entre sus páginas quedarían maravillosas y mí hermano Yeróver no para de molestarme con que me lo va a robar. Pero lo guardaré como un tesoro de piratas.
Estaba a punto de llegar a esa bella edad en la que comienzan los duros cambios de los que mis allegados no hablaban. Pero mis padres, hermanos mayores y vecinos no se imaginaban que ya hubiera sido estrenada en la edad de la niña bonita. La verdad es que no me resultaba un trauma lo experimentado, pero aunque aveces me muriera por contarlo, me daba vergüenza el que pensaran de mí las personas que me rodeaban.
Luisma y yo nos conocimos cuando iba a las verbenas del solajero con mis vecinas. Esas veces no era más que el hijo del taxista. Simplemente bailaba con mis amigas y cruzábamos las miradas mientras que él bebía cerveza con sus amigos.
Ya habían acabado las fiestas de navidad y se preparaban todos los municipios para el carnaval.
Hoy Viernes estoy súper mascada en el Instituto, la profesora de Inglés no para de conjugar los verbos, se empeña en dar toda la clase hablada en inglés.
¡ODIO EL INGLÉS! Yo mientras tanto hago dibujitos en la solapa de las páginas del libro que muy pocas veces usábamos para estudiar, mal empleadito dinero. Los compañeros se distraen con cualquier cosa, muchos hablan en voz baja el guapo de la clase estaba tan desesperado de salir que tenía todos los sobacos enchumbados en sudor.
Cuando me fijo en un chico tiene que tener cualidades físicas y psíquicas que me atraigan. No me gustan los chiquillos del instituto que solo quieren estar conmigo para follarme. La mayoría de mis compañeros son unos niñatos y unos cutres que todavía se mean en la cama y a mi los que me molan son los de pinta de macarra. Los que van en chándal, los que tienen moto o coche para que me saquen de paseo.
Cuando se acaba una clase todos salen por patas y más si es la última hora. Muchos de nosotros salimos con dolor de cabeza o zumbados de estar tantas horas sentados, seguramente que por eso me duele tanto el hueso de la alegría.
También ha pasado el tiempo desde que me acostara por primera vez con mí primo Jorge. Con él he aprendido que el sexo es magnífico y cada vez que lo hacíamos aprendía más y más. Al principio todo era tan nuevo, que era solo una diversión, que solo quedaría en eso, pero la verdad es que se ha vuelto una obsesión para ambos.
Siempre terminamos en la misma conversación en donde nos decimos que no queremos estar lejos el uno del otro, que vamos a extrañarnos mucho, que nos queremos y contamos los días para estar juntos unidos en escenas cargadas de maravillosas sensaciones. A nosotros no nos separa simplemente los lazos de sangre, o lazos paternales. Nos une el sexo de sentimientos extraños y nos separa la relación que mantiene con su novia.
By José Damián Suárez Martínez
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