Recuerdo su pelo negro corto, con mechas rubias, los ojos marrones y la piel aterciopelada pero bronceada. Con el olor a alcohol que le recorría todo el cuerpo. Nunca podría olvidar una experiencia tan nueva.
Tampoco recuerdo como había llegado a esa situación, pero me vi arrodillada frente a sus pantalones bajados y con su enorme miembro en la boca. No entendía nada, solo quería que se detuviese, que no siguiera, que dejara de hacerme esas cosas que me asqueaban; me sentía sucia. Pero muy en el fondo me gustaba aquella situación, como cuando tuve las chinas y no podía parar de rascarme.
Fue la muerte de la inocencia, el nacimiento de mi yo mujer.
Nunca olvidaré las noches de lujurias desenfrenadas venideras, en la casa de nuestra abuela donde solíamos pasar las vacaciones de navidad.
Estaba echada en la cama, en la habitación que había sido de mí hermana mayor hasta que se escapó con el que era su novio. Tenía las piernas abiertas y mí primo Jorge encima, agonizante de placer, dejándolo hacer. El sudor, sus manos, el placer tan vivo que ponía mis sentimientos a flor de piel y calmaba su frustración agonizante. Profundo. Es inútil querer describirlo o recordarlo. Fue eterno, me dominaba y consumía.
Los deseos ocultos no apreciaban a razones de la sangre, la edad y los parentescos, y los lazos que nos unían. Mí primo era un vicioso: del sexo, de las drogas blandas, de los videojuegos de acción, el fútbol y de mí. Era mí cuerpo lo que intentaba poseer, no mis ideales, el interior de mí ser, la flor que se desfloraba entre mis preadolescentes caderas.
En esas vacaciones solo vimos el presente. Esa promiscuidad entre jóvenes era real, tan natural y común como para permitir que mí propio primo de veintiséis años de edad me desvirgase progresivamente. En el fondo nos resultaba difícil no lidiar entre nosotros, mis padres muchas de las veces eran ajenos a lo que hacíamos. Yo me sentía así. Desnuda bajo su cuerpo de hombre desnudo, invisible. Como si nuestra abuela que se hallaba viendo la televisión en el cuarto colindante no supiera las impurezas que hacíamos. Pero estaba perdida en las punzadas de su máquina de coser. Salvajemente deseosos en un acto impúdico y lujurioso. Mientras yo me sentía en la súbita experimentación de mis sentimientos y sensaciones más enigmáticas.
Una nueva etapa de mí vida. El conocimiento del placer extremo. El color de nuestras pieles no se asemejaban a ninguna piel; era un deseo oscuro. Lo sentía dentro, profundo, grueso, dilatado y húmedo. El cuerpo de él se volvía más pesado y salvaje; sus ojos, más grandes. Parecía sobrecargado de energía, más vivo, como si estuviera convencido de que no estaba mal lo que hacíamos. Como si necesitara complacerme. Era un cabronazo al decirme que había disfrutado tanto después de haberme roto el himen y todo a lo que conllevaba eso: perdida de la virginidad, de la inocencia, crecimiento del pecho y lo más importante el cambio de niña a mujer.
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Yo por la tarde tenía que lavar el patio interior: mientras él lavaba las llantas de su coche. Me preguntaba si volveríamos a repetir otra vez y él seguía pensando en como quedaría su coche después de tunearlo. Me rondaba la preocupación del cambio de domicilio porque vivir en una nueva casa nunca se me pasó por la cabeza y menos a un barrio como “El Paseo San José de Las Palmas.” Me miraba y fue como si pudiese leer sus pensamientos: -Tan joven y radiante, morena de cabello liso como el de una india. Se sentía preocupado de que su placer se hubiera convertido en una obsesión, temía sentir algo más profundo por lo que estábamos viviendo. ¿Qué pasaría si se enteraran mis padres?
-Mi tío Raúl me mataría! -dijo intentando alejarse de ella-. Seguramente tú hermano Yeróver me mataría
Notaba como que se estaba obligando a alejarse de mí cuerpo, de mí piel, de mis finas manos. Pero sé que no podía, porque era demasiado activo y como me había explicado; no era un tío de matarse a pajas. Jorge tenía que ser cuidadoso, pero me descubrió mirándole el trasero mientras fregaba el piso. Así que mientras me fui contoneando provocativamente abriendo las piernas con disimulo me vio cachonda, yo le vi tieso.
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Después, cenando, a la mesa de la cocina, sentada a su lado, aprovechaba con disimulo para echarle mano al paquete mientras la abuela se viraba de espaldas para coger un vaso de cristal de la encimera. Él se sobresaltó y dio un pequeño saltito, permitiéndome que se la sacara un poco; solo la punta babosa, húmeda, suave.
-¡Déjala! Abuela está delante ¿Quieres que se de cuenta? -inquirió guardándosela de nuevo con una expresión de malestar.
-No -contesté, evitando la tentación de meterme bajo la mesa para chupársela hasta la extenuación.
-Jorge, ¿te han llamado de la empresa? -le preguntó abuela.
-No creo que me renueven el contrato -respondió tratando de pensar en otra cosa que no fuese su polla tiesa.
-Espero que no le estés siendo infiel a Yasmina siendo tan buena niña, ¿eh?
Se encogió de hombros, haciendo creer que la escucha, pero su mano fue deslizada hacia mí desflorada entrepierna. Separó mis bragas con la gran habilidad de sus manos pequeñas y me rozó el clítoris. Me sobresalté, me gustaba el morbo.
-Sé que has estado haciendo cosas indebidas en mí casa, no sé si era tú novia u otra amiga. Pero no quiero que tú tío Raúl se entere que haces esas cosas mientras está Sara aquí.
-¿Te has enterado? -preguntó con cierto retintín.
-No exageres, abuela. No sé ni a cuantas tías lleva tú nieto a casa y mis padres no le dicen nada -le expliqué.
-No sé como son mi hijo Raúl y tú madre Ariadna, pero bajo mi techo mando yo y pido un poco de respeto.
-Lo entendemos, abuela -bajamos las cabezas avergonzados.
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La noche cayó, mí primo continuaba empeñado en hacerlo, llevándome a un estado de cansancio para que terminara durmiendo a su lado, agotada. No era tan alto para su edad, salvajemente fibrado a consciencia; Tenía manos y pies pequeños, cuello grueso envenado, tierno pero agresivo, activo y demasiado pulcro para mí gusto… Pero era mí primo; el primer hombre de mí corta vida.
Recordé que la primera vez me vestí y me duché deprisa, sintiendo que tal vez la sangre derramada, la experiencia, sería castigada en el fin de mis días. Que en el juicio final sería juzgada y enviada al infierno por haber hecho algo asqueroso. No entendía como me gustaba hacer esas cosas con él. Sin embargo tal vez la tentación, su belleza y la manera que me envolvió entre sus fuertes brazos no se iba a repetir más; que quedaría en la primera vez, en una unión más allá de dos familiares. Un desliz, una aventura, como si aquello hubiese sido una pesadilla. Pero la verdad es que después de eso no me costaba nada abrirme de patas.
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La abuela se llama Andreíta Cadahía Campamá. Durante todo el día, hasta más de las doce de la madrugada. Preparaba el almuerzo, la merienda, la cena y entre eso cosía prendas de ropa que le encargaban las vecinas, y así, se ganaba un dinerillo aparte de la paga de viudedad.
Bajaba la mirada al vernos jugar en el patio trasero con el agua de la manguera, su mentalidad era antigua, tenía que ir a comprar el pan, salía arrastrando los pies.
Telde es un Municipio español, situado al Este de la isla de Gran Canaria (Islas Canarias). Posee el rango de Ciudad y el Título de: “Muy ilustre”.
Número de habitantes aproximado: 94.862.
Mí primo me llevó al Barranco de Los Cernícalos: Conocía muy bien su municipio natal, sus calles, sus rincones; porque era cazador. Me explicaba que la pluviosidad registrada en el municipio era en general baja: sólo se superaban los 300 Mm. de media anual a partir de los 400 metros de altitud, situándose por tanto la mayor parte del territorio por debajo del límite pluvial necesario para una plena agricultura de secano. La mayor parte del territorio no superaba los 200 metros de altitud, las temperaturas eran en general suaves a lo largo de todo el año; aun así en las partes altas, es donde en invierno las temperaturas pueden bajar de 0 grados produciéndose ocasionalmente precipitaciones en forma de nieve que llegaban hasta la localidad de Cazadores, a 1.200 metros de altitud. Dada su orientación en la parte oriental de la isla, abierto hacia el mar en dirección a África, Telde se veía afectado frecuentemente por la calima proveniente del vecino Sahara, produciéndose muy esporádicamente invasiones de aire sahariano que podían ser severas.
La historia de Telde siempre le había resultado más que apasionante. Soñar con esa gran época aborigen: En un período difícil de determinar, posiblemente el siglo XIV, Telde ya era uno de los 10 núcleos principales en que se dividía la isla. Tras la unificación de la misma en torno al bando de Gáldar diferentes crisis sucesorias hicieron que Telde formara a intervalos un Guanartemato independiente, cuyos territorios abarcaban la mitad Este-Sur de la isla, desde el barranco de Tenoya hasta la cumbre central y desde ahí hasta la zona de Mogán. Rival del de Gáldar queda constancia de una gran guerra entre ambos clanes que enfrentaron a 10.000 hombres por parte de Telde contra 4.000 del de Gáldar, enfrentamiento del que salió victorioso el segundo, que volvió a reunificar la isla poco antes de la Conquista (otra teoría dice que el gobierno de toda la isla lo tuvo inicialmente Arguineguín, hegemonía que heredó Telde y del que Gáldar se rebeló posteriormente). No está del todo clara la situación de ambos Guanartematos durante la invasión castellana, en todo caso parece seguro que el guanartemato teldense era administrado por un Faycán llamado Guariragua pariente del Guanarteme de Gáldar; el papel activo de dicho sacerdote y su protagonismo durante la invasión castellana hacen que Telde posea aún hoy en día el apelativo de "Ciudad de los Faicanes"
Jorge me mostró la bandera de Telde que se componía de: Paño rectangular de seda, tafetán, raso, lanilla o fibra sintética, según los casos, cuya longitud es vez y media mayor que su ancho:
-¿Ves las dos franjas horizontales de igual tamaño? La primera o superior, de color rojo, y la segunda o inferior de color azul. El origen de la enseña hay que rastrearlo en la rebelión de carácter absolutista que tuvo lugar en Telde y otras zonas de la isla en 1823, durante la misma, los rebeldes fueron derrotados por el ejército liberal que atacó Telde y capturó a Matías Zurita, anciano de 72 años que lideraba el levantamiento. Zurita fue ajusticiado en la plaza de San Juan y según cuenta la tradición su hijo tomó un pañuelo azul ensangrentado que portaba el fallecido y la llevó por toda la ciudad; desde ese momento, Telde ha usado la bandera roja y azul como emblema propio.
-¿Y el escudo de Telde?
-El escudo fue creado en 1967 basándose en algunas de las señas de identidad más importantes del municipio, el hecho de haber sido primera sede eclesiástica y por tanto ciudad (báculo y llave, lema) de Canarias (el sol), haber formado parte de Castilla (castillo) y la personalidad expresada por la bandera (rojo y azul de Zurita, invertidos con relación a la bandera). Escudo cortado: primero, de azur, el sol, de oro, acompañado de llave y báculo del mismo metal; segundo, de gules, el castillo de plata. Al timbre, el lema, de plata y con letras de sable, "Fortunatarum prima civitas et sedes" y corona real abierta.
Sabía mucho de su pueblo, de su Municipio y no quería que se olvidara su historia.
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Por la mañana vinieron a buscarme mis padres. ¿Qué reacción hubiese tenido mí padre sí supiese que me había despojado de la pureza de la virginidad tan preciada por ésta sociedad cuando se apretaron las manos durante esos segundos de alegres saludos?
Ambos nos miramos a los ojos. La despedida fue fría.
-Cuídate y dale saludos a tu novia -le dije forzando la sonrisa.
Odiaba que se la nombrara.
-Un día te llamo y quedamos -y me susurró al oído-. No le digas nada a nadie.
-No, ¿estás loco, primo?
-¡Vamos, Sara! -me avisó mí madre.
Nos despedimos con dos besos amargos en las mejillas.
Me subí en el coche y lo miré echa polvo. Él también lo estaba, pero disimulaba mejor.
By José Damián Suárez Martínez




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