Me siento cómoda, porque el barrio es tranquilo, porque la mayoría de los chicos son guapos y no hay tanto rubio extranjero. La mañana está fría, me recuerda a las noches de invierno, el olor a lluvia y a tierra mojada. Que me da la nostalgia; la alegría de los compañeros, las chicas gritando como locas guardando el paraguas, las maletas cargadas de libros, los coches mojados, el ruido de las gotas golpeando las ventanas, las nubes negras, el correr de las gentes, todos con prisas y la tranquilidad de guarecerse. El clima es caluroso, pero la lluvia puede ser repentina.
Comprendo que al estar estudiando en un instituto público hecho de menos la tranquilidad y el respeto que hay en un centro privado hacia los profesores. Me puse por la mañana el mini vestido blanco de algodón para ser el centro de atención en el instituto, y mis compañeros en general, cuando me vieron tan guapa a las ocho de la mañana, fue como si me sintiera una supermodelo. Caminé con desparpajo y finura, viéndome sexy, todos y todas me saludaron, junté mis senos, elevándolos ligeramente, gritando a los siete vientos mi predisposición al sexo, las expresiones de bobera de los chicos me hicieron destacar carismáticamente.
Salgo del instituto con Yesenia y me encuentro a mi primo Jorge esperándome sentado en el capó de su coche (un SEAT Ibiza blanco lleno de tierra). Con las manos guardadas en los bolsillos laterales del jersey cuello de cisne con cremallera. Por como viene vestido de seguro que salió de caza de madrugada. Supuso que este era mi instituto porque recordó que le había dicho algo del lechuga y lo verificó al preguntar a una de las compañeras por mi. Me saluda descaradamente con un beso en los labios.
-¿Qué haces? -le pregunto al no caber en mi asombro.
-Besarte -responde sonriéndose.
-¿Estás loco?
-Aquí nadie me conoce, ¿no? -pregunta echándose la mano derecha a la nuca.
-Ya pero …
-Si no dices que soy tu primo nadie se enterará, ¿no crees? -me pregunta atrayéndome por la cintura de manera sensual.
-Estás loco, tío.
-Tenía ganas de verte.
-¿No era más fácil llamarme?
-Te mande un SMS y no contestaste.
-No tenía saldo.
-Yo un par de céntimos.
-¿Y qué haces aquí?
-Vine a buscarte.
-¿A mi?
-Sí, vamos -se sonríe metiéndose en el coche-. ¡Venga!
-¿A dónde vamos?
-Sube, es una locura -dice encendiendo el contacto mientras los compañeros en general nos observan con envidia..
-Como siempre, ¿no? -subo despidiéndome de Yesenia con la mano.
Conduce medio acelerado y no para de acariciarme los muslos y la entrepierna, rozándome el clítoris por encima de las bragas. Lleva un jersey de caza forrado. Dice que por las mañanas hace frío y viene con forro interior cortaviento, que actúa como aislante del frío y el viento. Me habla de lo que ha hecho este tiempo separados. Se despreocupa de mis padres porque saben que trabajan todo el día y que me paso todo el día sola en casa.
-Tengo hambre -insinúa-. Llevo toda la mañana con un cortado en el estómago.
-Yo también tengo hambre.
-¿Qué hacemos? -me pregunta sonriéndose-. ¿Follamos primero y luego comemos?
-Pero luego otro.
-Eso no lo dudes -afirma besándome en los labios sin parar de mirar a la carretera.
En una media hora nos ponemos en la casa de sus padres, mis tíos. Aparca el coche en la carretera y nos besamos. Resopla y jala mi mano hacia su paquete:
-¡Mira como me tienes!
Salimos del coche y se entretiene en el portabultos porque tiene que coger la maleta, la escopeta y se pone visera encerada con apliques de piel hidrofugada. cogiendo el atajo de tierra hasta el cuarto apero situado en el invernadero. Ya en el interior nos besamos y acariciamos. Me gustan sus labios, sus manos y su manera de desenvolverse. Se quita el Jersey dejándolo sobre el cuadro de una moto, debajo lleva un chaleco NAVIGATOR que le había costado cerca de quinientos euros, lo puede pagar en cómodos plazos y como dice con orgullo que es su hobbie. No sé porque se le llama chaleco. Dispone de cuatro grandes bolsillos dos con cremallera y los otros dos con velcro. Un amplio morral trasero forrado y otro de rejilla.
-Venga, vamos.
Me siento sobre un colchón de muelles tirado en el suelo en lo que se quita las botas tipo CHIRUCA. Ni el frío, ni el agua, ni el hielo son problemas si uno las lleva puertas. Posee cierres por cremallera, hebillas y velcro. Luego se quita los calcetines que protegen del frío y conservan el calor desplazando la humedad fuera de la piel. Se posiciona frente a mi dejando su paquete frente a mi cara. Lentamente se va desabrochando le cinto del pantalón concebido para aquellas zonas de abundante maleza, de tejidos silenciosos y resistentes.
Tras quedarse completamente desnudo de cintura para abajo y tras chupársela un rato me la mete hasta el fondo. Me hace disfrutar, gemir. Él no hace ruidos, solo me observa (quiere hacerme disfrutar). Resopla y masculla un par de veces. Se pone de rodillas sobre el colchón y vuelvo a metérmela en la boca (que viciosa que soy). Le gusta que le agarre el tronco y los huevos mientras me acaricia los senos. Y volvemos a tumbarnos. Quiere que permanezca en el filo del colchón y con las piernas bien abiertas mientras él se pone de rodillas en el suelo. Estoy sintiendo un placer indescriptible con su gran polla inagotable.
-¡Ah!¡Ah! -gimo sin poder controlarme y me muerdo los labios.
-¡Ven, móntate encima! -exclama sentándose sobre el colchón apoyando la espalda en la pared helada. Me siento encima, se mueve atrayéndome, le acompaño con suaves movimientos pélvicos. Su mano izquierda sujeta mi cintura mientras que la otra soba mi nalga izquierda. Gimo y él resopla. Coge aceleración, mayor velocidad al igual que aumenta su dureza.
-¡Ponte a cuatro patas! -exclama con apuro.
Me lanza a un lado y me pongo rápido. No tiene problemas de altura por lo cual me penetra con rapidez. Separa mis nalgas con sus manos y se introduce sin problemas. Gimo, siento como entra y sale al completo.
-¡Oh, joder! -Jadea ya apunto.
Lo tengo pegado a mi espalda, lo miro, sé que pronto se apartará para irse fuera. Siempre lo hace. Abre la boca exageradamente y cierra los ojos con fuerza.
-¡Ah! -siento como se corre dentro a traición, sin avisar-. ¡Ah!
-¡Oh! -le digo avergonzada-. ¿Por qué te corriste dentro?
-¿Qué quieres que haga? -dice entre risas-. ¿No ves que estaba el fleje cachondo? ¿Me vas a decir que no sentiste como me corrí todo?
-Sí, claro … -respondo bastante enojada.
-¿Estás mosqueada? -inquiere-. Si no puedes quedarte preñada.
-Eso ya lo sé, gilipollas -le empeto de mala manera.
-Joder tía, si lo hubiera sabido ni te hubiera ido a buscar -confiesa bastante molesto.
Se levanta y camina desnudo de cintura para bajo, se entretiene observando el interior del armero que resiste todo y nadie lo puede abrir. Es versión antifuego y resiste una temperatura de 648º durante media hora.
Apoya su peso sobre el acero de 3 milímetros. Por lo visto tiene cuatro agujeros que lo fijan al suelo, 9 bulones de acero de 30 milimetrasen todos los lados de las puertas, junta hermética en todo el perímetro de la puerta, estantes móviles y en su interior guarda armas muy largas. La mayoría fabricadas por la marca española más internacional, de carácter particular y exclusivo. Elaboradas por maestros artesanos, combinando la tecnología más avanzada con la experiencia y el buen hacer. Fabricadas en madera de nogal europeo con un acabado ergonómico, báscula y cañones de máxima calidad y excepcional respuesta.
-¡Mira! -dice mostrándome una de ellas-. Es una Lanber 2077 Superligera. Muy ligera, una pasada para la casa menor, tiene cañones de 66 centímetros, 5 polichoques internos, expulsores automáticos y monogamillo selectivo. Banda ventilada especial para la caza. Mide 113 centímetros y pesa tres kilos y algo.
-¿Te gusta? -pregunta sacando un cuchillo.
-¡Guarda ese cuchillo! -le advierto.
-¡No es un cuchillo, tía!
-Da igual -le digo-. Sea lo que sea no me gusta.
-Es una Beyoneta, las hay de diferentes época y países, ésta está en un estado de conservación de cojones.
-Muy bien, pero guarda todo eso, me pone nerviosa.
-No te trabes, no están cargadas.
-Eso es lo de menos.
Comprendo que al estar estudiando en un instituto público hecho de menos la tranquilidad y el respeto que hay en un centro privado hacia los profesores. Me puse por la mañana el mini vestido blanco de algodón para ser el centro de atención en el instituto, y mis compañeros en general, cuando me vieron tan guapa a las ocho de la mañana, fue como si me sintiera una supermodelo. Caminé con desparpajo y finura, viéndome sexy, todos y todas me saludaron, junté mis senos, elevándolos ligeramente, gritando a los siete vientos mi predisposición al sexo, las expresiones de bobera de los chicos me hicieron destacar carismáticamente.
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-¿Qué haces? -le pregunto al no caber en mi asombro.
-Besarte -responde sonriéndose.
-¿Estás loco?
-Aquí nadie me conoce, ¿no? -pregunta echándose la mano derecha a la nuca.
-Ya pero …
-Si no dices que soy tu primo nadie se enterará, ¿no crees? -me pregunta atrayéndome por la cintura de manera sensual.
-Estás loco, tío.
-Tenía ganas de verte.
-¿No era más fácil llamarme?
-Te mande un SMS y no contestaste.
-No tenía saldo.
-Yo un par de céntimos.
-¿Y qué haces aquí?
-Vine a buscarte.
-¿A mi?
-Sí, vamos -se sonríe metiéndose en el coche-. ¡Venga!
-¿A dónde vamos?
-Sube, es una locura -dice encendiendo el contacto mientras los compañeros en general nos observan con envidia..
-Como siempre, ¿no? -subo despidiéndome de Yesenia con la mano.
Conduce medio acelerado y no para de acariciarme los muslos y la entrepierna, rozándome el clítoris por encima de las bragas. Lleva un jersey de caza forrado. Dice que por las mañanas hace frío y viene con forro interior cortaviento, que actúa como aislante del frío y el viento. Me habla de lo que ha hecho este tiempo separados. Se despreocupa de mis padres porque saben que trabajan todo el día y que me paso todo el día sola en casa.
-Tengo hambre -insinúa-. Llevo toda la mañana con un cortado en el estómago.
-Yo también tengo hambre.
-¿Qué hacemos? -me pregunta sonriéndose-. ¿Follamos primero y luego comemos?
-Pero luego otro.
-Eso no lo dudes -afirma besándome en los labios sin parar de mirar a la carretera.
En una media hora nos ponemos en la casa de sus padres, mis tíos. Aparca el coche en la carretera y nos besamos. Resopla y jala mi mano hacia su paquete:
-¡Mira como me tienes!
Salimos del coche y se entretiene en el portabultos porque tiene que coger la maleta, la escopeta y se pone visera encerada con apliques de piel hidrofugada. cogiendo el atajo de tierra hasta el cuarto apero situado en el invernadero. Ya en el interior nos besamos y acariciamos. Me gustan sus labios, sus manos y su manera de desenvolverse. Se quita el Jersey dejándolo sobre el cuadro de una moto, debajo lleva un chaleco NAVIGATOR que le había costado cerca de quinientos euros, lo puede pagar en cómodos plazos y como dice con orgullo que es su hobbie. No sé porque se le llama chaleco. Dispone de cuatro grandes bolsillos dos con cremallera y los otros dos con velcro. Un amplio morral trasero forrado y otro de rejilla.
-Venga, vamos.
Me siento sobre un colchón de muelles tirado en el suelo en lo que se quita las botas tipo CHIRUCA. Ni el frío, ni el agua, ni el hielo son problemas si uno las lleva puertas. Posee cierres por cremallera, hebillas y velcro. Luego se quita los calcetines que protegen del frío y conservan el calor desplazando la humedad fuera de la piel. Se posiciona frente a mi dejando su paquete frente a mi cara. Lentamente se va desabrochando le cinto del pantalón concebido para aquellas zonas de abundante maleza, de tejidos silenciosos y resistentes.
Tras quedarse completamente desnudo de cintura para abajo y tras chupársela un rato me la mete hasta el fondo. Me hace disfrutar, gemir. Él no hace ruidos, solo me observa (quiere hacerme disfrutar). Resopla y masculla un par de veces. Se pone de rodillas sobre el colchón y vuelvo a metérmela en la boca (que viciosa que soy). Le gusta que le agarre el tronco y los huevos mientras me acaricia los senos. Y volvemos a tumbarnos. Quiere que permanezca en el filo del colchón y con las piernas bien abiertas mientras él se pone de rodillas en el suelo. Estoy sintiendo un placer indescriptible con su gran polla inagotable.
-¡Ah!¡Ah! -gimo sin poder controlarme y me muerdo los labios.
-¡Ven, móntate encima! -exclama sentándose sobre el colchón apoyando la espalda en la pared helada. Me siento encima, se mueve atrayéndome, le acompaño con suaves movimientos pélvicos. Su mano izquierda sujeta mi cintura mientras que la otra soba mi nalga izquierda. Gimo y él resopla. Coge aceleración, mayor velocidad al igual que aumenta su dureza.
-¡Ponte a cuatro patas! -exclama con apuro.
Me lanza a un lado y me pongo rápido. No tiene problemas de altura por lo cual me penetra con rapidez. Separa mis nalgas con sus manos y se introduce sin problemas. Gimo, siento como entra y sale al completo.
-¡Oh, joder! -Jadea ya apunto.
Lo tengo pegado a mi espalda, lo miro, sé que pronto se apartará para irse fuera. Siempre lo hace. Abre la boca exageradamente y cierra los ojos con fuerza.
-¡Ah! -siento como se corre dentro a traición, sin avisar-. ¡Ah!
-¡Oh! -le digo avergonzada-. ¿Por qué te corriste dentro?
-¿Qué quieres que haga? -dice entre risas-. ¿No ves que estaba el fleje cachondo? ¿Me vas a decir que no sentiste como me corrí todo?
-Sí, claro … -respondo bastante enojada.
-¿Estás mosqueada? -inquiere-. Si no puedes quedarte preñada.
-Eso ya lo sé, gilipollas -le empeto de mala manera.
-Joder tía, si lo hubiera sabido ni te hubiera ido a buscar -confiesa bastante molesto.
Se levanta y camina desnudo de cintura para bajo, se entretiene observando el interior del armero que resiste todo y nadie lo puede abrir. Es versión antifuego y resiste una temperatura de 648º durante media hora.
Apoya su peso sobre el acero de 3 milímetros. Por lo visto tiene cuatro agujeros que lo fijan al suelo, 9 bulones de acero de 30 milimetrasen todos los lados de las puertas, junta hermética en todo el perímetro de la puerta, estantes móviles y en su interior guarda armas muy largas. La mayoría fabricadas por la marca española más internacional, de carácter particular y exclusivo. Elaboradas por maestros artesanos, combinando la tecnología más avanzada con la experiencia y el buen hacer. Fabricadas en madera de nogal europeo con un acabado ergonómico, báscula y cañones de máxima calidad y excepcional respuesta.
-¡Mira! -dice mostrándome una de ellas-. Es una Lanber 2077 Superligera. Muy ligera, una pasada para la casa menor, tiene cañones de 66 centímetros, 5 polichoques internos, expulsores automáticos y monogamillo selectivo. Banda ventilada especial para la caza. Mide 113 centímetros y pesa tres kilos y algo.
-¿Te gusta? -pregunta sacando un cuchillo.
-¡Guarda ese cuchillo! -le advierto.
-¡No es un cuchillo, tía!
-Da igual -le digo-. Sea lo que sea no me gusta.
-Es una Beyoneta, las hay de diferentes época y países, ésta está en un estado de conservación de cojones.
-Muy bien, pero guarda todo eso, me pone nerviosa.
-No te trabes, no están cargadas.
-Eso es lo de menos.
Cuando fui al baño me di cuenta que había sangrado ¿sería normal? ¿Estaría eso vinculado al acostarme tanto con Luisma como con él?
By José Damián Suárez Martínez
By José Damián Suárez Martínez
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